Un acercamiento balanceado

Cuántas veces nos encontramos pensando “no me alcanza el tiempo” o pensamos “¿ya se pasó el día?”. Hoy día, las sociedades modernas nos obligan a realizar una carrera de actividades y cumplir con una agenda abultada de compromisos para hacernos sentir “bien” y “ocupados”. La mayoría de las tareas están vinculadas con el trabajo, capacitarnos y perfeccionar conocimiento o simplemente con el modelado del cuerpo, dejándonos una sensación de satisfacción efímera. Al regresar a nuestros hogares, lo que menos nos queda es energía y tiempo para dedicarle a lo que en realidad debería ser más importante: nuestros seres queridos, nuestra familia. “Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.” 1 Corintios 1:10

Debemos proponernos entonces cambiar nuestras prioridades. Mejorará considerablemente nuestra calidad de vida valorando lo que realmente importa. Debemos poder ser selectivos y en dicho discernimiento, recortar aquellas acciones y cosas que no nos conectan realmente con un propósito Cristiano. Debemos valorar incluso vivir con menos cargas. ¿Acaso no estamos abarrotados de elementos materiales que son considerados “fundamentales” para subsistir? Pensando que nos confieren un “status” o “clase social”, nos sumergimos en un raid de compras para poder pertenecer y ser reconocidos como pares. En ese preciso instante, cuando nos percatamos que no debemos correr tras esa “zanahoria” imaginaria, debemos plantearnos ahora si la familia está cerca y si le dedicamos el tiempo suficiente a amarlos y pasar tiempos con ellos. “Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.” 1 Timoteo 5:8

Para expresar la esencia de Dios, debemos amar sin ataduras ni límites. Nuestro corazón repleto de Fe y esperanza fue concebido por nuestro Señor con esa intención de vida. Dichos actos de amor tendrán consecuencias, ya que aumentarán nuestros deseos de acercarnos al Espíritu Santo, resignificando el propósito de nuestras vidas. Desde el amor se puede perdonar y es justamente el encargado de amalgamar y contener unida a las familias por siempre, gestando una huella en el interior de nuestros seres queridos. Debemos acercarnos unos con otros, perdonar cualquier tipo de rencor que exista, emocionarnos al poder reír y llorar junto a ese pilar fundamental, que resulta ser el primero que está en los momentos críticos o de necesidad extrema. “Dios creó el matrimonio, pero también creó una “familia”, y a está se le debe de dar mucha importancia, puesto que no podemos tener ministerios fuertes e iglesias fuertes si nuestra familia está débil. Por eso, les instamos a que fortalezcan sus familia en Cristo, por el poder de la Palabra de nuestro Dios.” Éxodo 20:12

Un último paso para poder cambiar radicalmente nuestra cotidianeidad y acercarnos cada vez más al Señor, nos debería situar en liberarnos de ciertas cargas ajenas. Muchos de nosotros llevamos como propias algunas preocupaciones que no nos pertenecen y eso nos genera una tormenta de malos pensamientos, alejándonos del foco de las cosas que dan verdadero significado en la vida, nuestra relación con Dios, con nuestra familia, nuestro propio bienestar físico, emocional y espiritual. El balance es necesario, debemos aprender a vivir de esa manera.