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Una Simple Mirada

Un cambio de actitud y un paradigma distinto que nos salvará eternamente. Aprende en el siguiente artículo a incorporar la luz en tu senda de expansión espiritual.

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“Grábame como un sello sobre tu corazón; llévame como una marca sobre tu brazo. Fuerte es el amor, como la muerte, y tenaz la pasión, como el sepulcro. Como llama divina es el fuego ardiente del amor.” Cantares 8:6

Despedir a un ser querido, lejos de ser el fin, marca el comienzo de una nueva etapa. A menudo nos hemos preguntado qué nos espera después de este paso, y aunque no conocemos todos los detalles, la Biblia nos revela que la muerte nos lleva a una vida junto a Cristo, una vida completamente diferente a la que conocemos en este mundo.

Este hecho es motivo de celebración. Aunque escuchamos la expresión "pasó a mejor vida" con cierta ironía, hay una gran verdad en ella. Después de todo, al dejar este mundo, nos encontraremos cara a cara con Dios, y eso en sí mismo es motivo suficiente para celebrar.

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“Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este mundo.” Filipenses 1:23-24

Es un encuentro. Al abandonar nuestro cuerpo terrenal, nuestra alma se reunirá con aquellos seres queridos que partieron antes que nosotros. Este reencuentro también es motivo de gran celebración. Al contemplar todos estos aspectos, podemos tener una visión más clara de cómo Dios ve la muerte.

Es un lugar donde todos somos iguales. Me viene a la mente la expresión "comenzar de cero". A través de la muerte, ingresamos por las puertas del cielo y nos convertimos en uno más. Allí no hay diferencias ni desigualdades, sino una armonía y paz inquebrantables.

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“Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en Mí no morirá jamás. ¿Crees esto?” Juan 11:25-26

Disfrutaremos de los beneficios de llegar a nuestro hogar final. No debemos olvidar todas las promesas que Dios nos hizo mientras caminábamos en Su senda. Todo aquello que nos fue prometido durante nuestra vida se cumplirá finalmente, y nuestra espera llegará a su fin.

No es el final, sino un nuevo comienzo. Es motivo de celebración y reencuentro con nuestros seres queridos. En ese lugar, todos somos iguales y disfrutamos de las promesas de Dios. Mantengamos viva la esperanza y vivamos nuestra vida con la certeza de que al final del camino nos espera un destino glorioso.


“Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.” Romanos 14:8

Deposita tu confianza en las personas que están construyendo un nuevo rumbo. La construcción de un nuevo camino nos invita a tener una visión distinta y a valorar todo lo que hemos aprendido y asimilado en nuestro corazón.

Saber que hoy mismo podemos ser instrumentos de transformación espiritual por parte de Dios hacia sus creaciones más recientes nos ayuda a reconectar con nuestro propósito, con nuestra llama interior que necesita ser escuchada y acompañada por la fe y la esperanza.

El Señor cubrirá con su manto de gloria y bendiciones a todos los niños y niñas que estén atravesando en este momento un camino o una situación compleja. Estamos aquí para acompañarles en todo lo que se propongan e imaginen. Estas nuevas generaciones son la clave para salvar al mundo.




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